Las cuatro estaciones
es el título de un libro de cuatro
conciertos para violín y orquesta
(La primavera, El verano, El otoño y El
invierno) del compositor italiano Antonio Vivaldi.Se trata de una
obra
descriptiva o programática que evoca, a través de elementos de lenguaje
musical, distintos aspectos de las estaciones del año.
PRIMAVERA
Se trata así de buscar, por este orden, alusiones musicales a una alegre danza pastoral que nos sitúe en la bondad climatológica de los meses templados. Trata de personificar la primavera con un sorprendete duelo de trinos de pajarillos a cargo de los violines, de ahí a un ondulante murmullo de fuentes frescas y generosas seguida de una tempestad, tan violenta -despliegue de truenos y rayos- como pasajera. El movimiento se cierra con el canto de los pajarillos en medio de la bucólica danza inicial, que de hecho funciona como estribillo.
El juego es tan sencillo que me permito abreviarlo a guión.
VERANO
También en este concierto el primer movimiento abarca los ocho primeros versos. El tema inicial a cargo de la orquesta es laso como el verano italiano, mas pronto el violín se libra a nuevas imitaciones ornitológicas, que se ven interrumpidas por agitados vientos orquestales. El lánguido llanto del pastor ocupa la última entrada del solista. Una inefable sensación de reposo, sólo truncada por las casi brutales entradas de las cuerdas graves, constituye el núcleo del segundo movimiento. Los presagios de tempestad anunciados en el tiempo central se hacen realidad en el tercer movimiento, que evoca una formidable tormenta de verano.
Del sueño de los hombres, animales y toda la naturaleza bajo el insoportable calor; se despierta el cuco -jejeje-.
De este sueño general, al irritante zumbido de moscas y moscones mientras retumba los trueno de una borrasca lejana.
Por fin, ya en el presto; la tempestad del verano en toda su grandeza con fulminantes pasajes virtuosísticos del solista, el cual da replica con truenos y vientos el tutti orquestal.
OTOÑO
Ene medio de los bailes y canciones que los versos sugieren, parece que sea el violín solista el que haya apariciones así parecen atestiguarlo. El segundo movimiento recrea el hermoso goce de un dulcísimo sueño. Nunca el beato sueño del borracho fue descrito de manera tan benévola y perros enfurecidos campan a sus anchas en el tercer movimiento
Ya, la fiesta popular por las buenas cosechas del año; al borracho se le reconoce inmediatamente por las inciertas progresiones descendentes y ascendentes del violin solista que alterna con la danza.
INVIERNO
El invierno es el más débil de los conciertos que integran Las cuatro estaciones; con todo, hay que reconocer que el primer movimiento está realmente traspasado por vientos gélidos. El segundo movimiento, muy agradable, nos situa en un cálido interior, mientras fuera las goras de lluvia, sugeridas por las cuerdas en pizzicato, resbalan en los cristales. Giros, espirales y alguna caída en el hielo inaguran el tercer movimiento, en el que todos los vientos orquestales en guerra, gobernados por Vivaldi, cierran el concierto y el ciclo
PRIMAVERA
Se trata así de buscar, por este orden, alusiones musicales a una alegre danza pastoral que nos sitúe en la bondad climatológica de los meses templados. Trata de personificar la primavera con un sorprendete duelo de trinos de pajarillos a cargo de los violines, de ahí a un ondulante murmullo de fuentes frescas y generosas seguida de una tempestad, tan violenta -despliegue de truenos y rayos- como pasajera. El movimiento se cierra con el canto de los pajarillos en medio de la bucólica danza inicial, que de hecho funciona como estribillo.
El juego es tan sencillo que me permito abreviarlo a guión.
VERANO
También en este concierto el primer movimiento abarca los ocho primeros versos. El tema inicial a cargo de la orquesta es laso como el verano italiano, mas pronto el violín se libra a nuevas imitaciones ornitológicas, que se ven interrumpidas por agitados vientos orquestales. El lánguido llanto del pastor ocupa la última entrada del solista. Una inefable sensación de reposo, sólo truncada por las casi brutales entradas de las cuerdas graves, constituye el núcleo del segundo movimiento. Los presagios de tempestad anunciados en el tiempo central se hacen realidad en el tercer movimiento, que evoca una formidable tormenta de verano.
Del sueño de los hombres, animales y toda la naturaleza bajo el insoportable calor; se despierta el cuco -jejeje-.
De este sueño general, al irritante zumbido de moscas y moscones mientras retumba los trueno de una borrasca lejana.
Por fin, ya en el presto; la tempestad del verano en toda su grandeza con fulminantes pasajes virtuosísticos del solista, el cual da replica con truenos y vientos el tutti orquestal.
OTOÑO
Ene medio de los bailes y canciones que los versos sugieren, parece que sea el violín solista el que haya apariciones así parecen atestiguarlo. El segundo movimiento recrea el hermoso goce de un dulcísimo sueño. Nunca el beato sueño del borracho fue descrito de manera tan benévola y perros enfurecidos campan a sus anchas en el tercer movimiento
Ya, la fiesta popular por las buenas cosechas del año; al borracho se le reconoce inmediatamente por las inciertas progresiones descendentes y ascendentes del violin solista que alterna con la danza.
INVIERNO
El invierno es el más débil de los conciertos que integran Las cuatro estaciones; con todo, hay que reconocer que el primer movimiento está realmente traspasado por vientos gélidos. El segundo movimiento, muy agradable, nos situa en un cálido interior, mientras fuera las goras de lluvia, sugeridas por las cuerdas en pizzicato, resbalan en los cristales. Giros, espirales y alguna caída en el hielo inaguran el tercer movimiento, en el que todos los vientos orquestales en guerra, gobernados por Vivaldi, cierran el concierto y el ciclo
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