miércoles, 22 de febrero de 2012

4.3 Vivaldi



El estilo de Vivaldi es único. Creó su estilo dando de yantar a su oído con numerosas melodías que tocaba de su violín tintado de frescura e inmensa fuerza, el cuál destellaba de sus cuerdas un ambiente a veces indolente y otros demasiados sensacionalistas. Aunque Tomaso Albinoni fue en cierto modo un precursor de la obra de Vivaldi, sin duda las aportaciones de este último en el ámbito del concierto para solista permiten otorgarle la paternidad de esta forma musical. La estructura del concierto vivaldiano es tripartirá, siguiendo el esquema rápido-lento-rápido. En los movimientos rápidos las variadas y brillantes entradas del solista se intercalan entre las diversas apariciones de la orquesta, que van repitiendo total o parcialmente un breve tema expuesto al principio del movimiento. En los episodios confiados al solista la orquesta se sitúa en un segundo plano, ejerciendo una mera función de apoyo al virtuoso; éste trabaja sobre un tema generalmente simple, que se repite varias veces hasta ahogarlas posibilidades y desembocar en una nueva aparición de la orquesta. Los movimientos centrales, lentos, suelen ser cortos, y tienen un marcado carácter lírico; su estructura puede oscilar entre una disposición similar a la de los movimientos extremos y una más o menos libre evolución del solista sobre un fondo orquestal.

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