El estilo de Vivaldi es único. Creó su estilo dando de
yantar a su oído con numerosas melodías que tocaba de su violín tintado de
frescura e inmensa fuerza, el cuál destellaba de sus cuerdas un ambiente a
veces indolente y otros demasiados sensacionalistas. Aunque Tomaso Albinoni fue
en cierto modo un precursor de la obra de Vivaldi, sin duda las aportaciones de
este último en el ámbito del concierto para solista permiten otorgarle la
paternidad de esta forma musical. La estructura del concierto vivaldiano es
tripartirá, siguiendo el esquema rápido-lento-rápido. En los movimientos
rápidos las variadas y brillantes entradas del solista se intercalan entre las
diversas apariciones de la orquesta, que van repitiendo total o parcialmente un
breve tema expuesto al principio del movimiento. En los episodios confiados al
solista la orquesta se sitúa en un segundo plano, ejerciendo una mera función
de apoyo al virtuoso; éste trabaja sobre un tema generalmente simple, que se
repite varias veces hasta ahogarlas posibilidades y desembocar en una nueva
aparición de la orquesta. Los movimientos centrales, lentos, suelen ser cortos,
y tienen un marcado carácter lírico; su estructura puede oscilar entre una
disposición similar a la de los movimientos extremos y una más o menos libre
evolución del solista sobre un fondo orquestal.miércoles, 22 de febrero de 2012
4.3 Vivaldi
El estilo de Vivaldi es único. Creó su estilo dando de
yantar a su oído con numerosas melodías que tocaba de su violín tintado de
frescura e inmensa fuerza, el cuál destellaba de sus cuerdas un ambiente a
veces indolente y otros demasiados sensacionalistas. Aunque Tomaso Albinoni fue
en cierto modo un precursor de la obra de Vivaldi, sin duda las aportaciones de
este último en el ámbito del concierto para solista permiten otorgarle la
paternidad de esta forma musical. La estructura del concierto vivaldiano es
tripartirá, siguiendo el esquema rápido-lento-rápido. En los movimientos
rápidos las variadas y brillantes entradas del solista se intercalan entre las
diversas apariciones de la orquesta, que van repitiendo total o parcialmente un
breve tema expuesto al principio del movimiento. En los episodios confiados al
solista la orquesta se sitúa en un segundo plano, ejerciendo una mera función
de apoyo al virtuoso; éste trabaja sobre un tema generalmente simple, que se
repite varias veces hasta ahogarlas posibilidades y desembocar en una nueva
aparición de la orquesta. Los movimientos centrales, lentos, suelen ser cortos,
y tienen un marcado carácter lírico; su estructura puede oscilar entre una
disposición similar a la de los movimientos extremos y una más o menos libre
evolución del solista sobre un fondo orquestal.
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